Filtros de aplicaciones: El peligro tras una inocente entretención

Cada vez más populares, los filtros para las fotos y videos que proporcionan las diferentes redes sociales podrían generar un fuerte impacto en la auto percepción personal, afectando incluso, la salud mental de las personas. 

Se transformaron en la entretención de grandes y chicos con imágenes de perritos, gatos y personajes tan conocidos como las animaciones de Pixar. Sin embargo, con el paso del tiempo, los filtros de aplicaciones como Snapchat e Instagram fueron volcándose a generar pieles lisas y muchas veces bronceadas, labios gruesos, narices respingadas, ojos grandes y almendrados, pestañas y cejas perfectas, mostrando rostros que difieren del común de las personas y distorsionando la realidad. 

En cosa de segundos la tecnología permite jugar con las diferentes alternativas de cara a quienes pueden ver los resultados a través de las aplicaciones, sin embargo, esta búsqueda por lo que socialmente se ha establecido como perfección se está trasladando a la realidad. La Dra. Melissa Arroyave, de Clínica Terré, ha visto cómo el uso de filtros ha repercutido en los pacientes. “Aunque la belleza no tiene estándares y es multifacética, los filtros de las diferentes apps se han convertido en referentes de belleza aumentando las consultas estéticas y, así, las expectativas de los pacientes”, señala.     

Y es que, si bien las consultas por si solas no generan ningún problema, lo cierto es que los profesionales sí ponen atención cuando estas buscan quedar con rasgos que no se ajustan a las propias facciones, sino a las imágenes que se pueden encontrar en las redes sociales. Según la doctora, “existen diversos estudios sobre los efectos de los filtros que evidencian que se han convertido en una de las mayores causas de ansiedad y estrés -sobre todo en adolescentes-, llevando a inestabilidad emocional, inseguridad, necesidad constante de aprobación, poca aceptación y disminución de la autoestima”.

De acuerdo a la experta de Clínica Terré, el uso de filtro se vuelve poco saludable cuando las personas comienzan a padecer lo que algunos llaman la “dismorfia del selfie”, un trastorno que hace que un sujeto comience a identificarse más con la imagen de sus selfies que con su apariencia real, llegando muchas veces a desear realizar esos cambios de manera permanente a través de cirugías y procedimientos estéticos.

“Las videollamadas, por ejemplo, o el estarse viendo constantemente el rostro hace que algunas personas puedan obsesionarse con pequeñas imperfecciones que pueden transformarse en un problema más serio si no se entiende que estos filtros no se ajustan a la realidad. En este sentido, es muy importante consultar a profesionales que se ajusten a un trabajo ético. Aquí no se trata de ganar más dinero a costa de una persona que puede tener alteraciones en su imagen, lo que debemos hacer es guiar el válido interés de hacer ciertos arreglitos que nos permitan fortalecer nuestra autoestima, pero por sobre todo que sea de acuerdo a los rasgos, personalidad y atributos de cada uno, no generar rostros estándar”, enfatiza Arroyave.

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